
Llegan los calores veraniegos a la ciudad, ya se ven las cosas desde otra perspectiva, la poca complacencia que reparte se desvanece cuando los aires de julio brotan por el asfalto, pero seguimos aquí, eso es lo importante, y por mucho tiempo, creo. Siempre nos quedarán las piscinas municipales, los conciertos al aire libre y las salas de teatro climatizadas.
Finde mu divertido que hemos pasado maría y yo, entre hogueras de san juan, muy lejos de los pies descalzos en la orilla del mar, muy distinto, entre nuevos amigos de Iruña, entre conversaciones sin final de cine, entre engaños publicitarios londinenses y buenos ratos en general.
El sábado nos invitó la amiga patri (gracias) a ver una obra de teatro en la sala cuarta pared, que con su propia compañía están consiguiendo montar buenas obras desde un prisma idealista y a contracorriente de la escena teatral nacional, se puede comprobar nada más entrar en la sala, los espectadores se reparten alrededor del "escenario-suelo" y ves la obra a dos palmos de los actores (impresiona). La obra se llama Rebeldías posibles y la presentación que hace la compañía es la siguiente:
Hartos. Estamos hartos pero ahogados en la impotencia, hundidos en la resignación. Estamos asqueados del mundo que nos rodea pero con la sensación de que poco podemos hacer.¿En qué momento empieza a silbar la válvula de la olla a presión? ¿Dónde está el “clic” que lleva de la resignación y el conformismo a la protesta y la reivindicación? “Rebeldías posibles” habla de alguien decente en un mundo indecente, en medio de esas indecencias que tomamos por normales. La sobriedad frente a la espectacularidad, la tenacidad frente a la impaciencia, el idealismo frente al pragmatismo... En fin, habla de todo eso que hoy no vale nada. De todo eso que hoy es considerado absurdo e inútil, propio de seres mediocres e ingenuos. Cuarta Pared sigue explorando el mundo en que vivimos, intentando ser portavoz de las preguntas y preocupaciones de aquellos que nos rodean utilizando los recursos del teatro. Un teatro que quiere ser una experiencia única y sorprendente compartida con el público, y que, más allá de la palabra, aprovecha todos los medios que el arte escénico pone a su alcance.
La obra en sí trata del señor García, que un día decide reclamar a una teleoperadora la devolución de unos céntimos por estar en desacuerdo con el criterio aplicado en las tarifas. Ante el desinterés de la empresa por responder a su reclamación, decide llegar hasta el final. Las quejas, denuncias, reclamaciones, recursos y apelaciones le llevan tiempo y dinero. Su mujer entiende el gesto, pero no una causa tan insignificante. En realidad, todo el mundo aplaude el gesto, pero se ríe de la causa. Las artimañas de la teleoperadora le exigen cada vez más tiempo y dinero, lo que amenaza con arruinar su vida familiar y laboral. Tan sólo encuentra consuelo en una compañera de trabajo que ve en él un quijote contemporáneo, paciente y determinado. Ella le presenta a varias personas como un ejemplo a seguir y sin quererlo, pues si hay algo que rechaza es el afán de notoriedad, se ve obligado a asumir la responsabilidad de liderar las acciones reivindicativas de este grupo formado espontáneamente. A partir de ahí, su vida se desliza por una pendiente de final impredecible, pues la actividad del grupo le enfrenta a situaciones que entran en absoluta contradicción con las ideas que impulsaron su discreta acción inicial.

La historia de un héroe del siglo XXI que no ha entrada en la alienación compulsiva del sistema capitalista, la cual nos convierte en autómatas conformistas y reprimidos por la acción de las grandes empresas o del estado, un héroe que reclama JUSTICIA SOCIAL, en mayúsculas, que entiende que con pequeñas cosas que hagamos poco a poco, podemos ir cambiando las vidas de la mayoría oprimida por el poder. Un personaje real, porque la obra está basada en un hecho real aparecido un par de años antes en "El Pais" y al final la compañía telefónica tuvo que pagar bastante dinero a todos los usuarios que se sintieron perjudicados y dañados por la misma. Hay esperanza, todos podemos convertirnos en héroes, héroes anónimos de la rutina, pero héroes en todo caso.
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